Es importante que la terapia psicológica esté estructurada para que sea eficaz y eficiente. La orientación cognitivo conductual proporciona una metodología sólida, que será la guía a lo largo de todo el proceso.
Para comprender qué es lo que está interfiriendo en el bienestar, hay que tener presente la relación entre los pensamientos, las emociones y la conducta, dentro del contexto del que se forma parte.
A una misma situación se le pueden dar varios significados. En función de las interpretaciones que se hagan de ello y/o de cómo percibimos nuestra capacidad para afrontarlo, conectaremos con emociones más o menos agradables, que también influirán en nuestras conductas.
El proceso terapéutico se desarrolla principalmente en estas tres fases:

Entre las 2 y las 5 primeras sesiones, en función del caso, se dirigen a conocer a la persona y cuál es el problema. Esto implica saber cómo son las diferentes áreas de la vida, los síntomas que presenta, el origen y qué los mantiene.
Esta fase de evaluación es fundamental para que el proceso terapéutico sea individualizado. Es decir, marcamos los objetivos y los hablamos en una sesión de devolución. Desde este punto de partida, identificamos las técnicas necesarias para acercarnos a estos objetivos, no solo a nivel técnico, sino para que el espacio que se cree se adapte a cada persona.
Se parte del diagnóstico y de los objetivos marcados para poner a disposición del paciente lo que el estudio de la psicología nos ofrece en función de cada persona y problema.
Para ello se seguirá utilizando como base el modelo cognitivo conductual, y se integrarán herramientas de otras corrientes para que se pueda trabajar de forma completa aquello que lleva a pedir ayuda psicológica. Por lo que se trabaja también con las terapias de tercera generación, herramientas de la orientación humanista, dialéctico comportamental, sistémico y EMDR. La duración de la intervención va a estar marcada por el tipo de problema a abordar y el trabajo que ponga en marcha el paciente entre sesiones.
Este es el momento en el que el paciente ha recuperado su bienestar y ha alcanzado sus objetivos (se pueden realizar una o dos sesiones para reforzar).